Con esa frase (que es tan solo un pedazo de un largo correo electrónico) mi mente de puso a volar y llegue a imaginarme un montón de cosas que quiero compartir. Pensé en Jesús usando jeans, una camiseta interior blanca y sandalias; Dios hecho hombre en imagen contemporánea jaja. Me lo imaginé llegando a su casa con mucha hambre y dirigiéndose directamente al refrigerador (les digo, contemporáneo). Vaya sorpresa cuando llega a ese lugar, ni siquiera recuerda que tiene hambre cuando ve pegado en cada lugar de su refrigerador fotografías de quienes ama y por quienes trabaja día a día. Pero lo mas bonito es que ahí no están solo la foto de María, José y de los cuates (manera contemporánea de llamarle a los apóstoles), sino que su refrigerador ha sido tapizado de fotografías de cada uno de nosotros, de cada una de las personas a las que ama. Jesús se dispone a sonreír eternamente y una que otra vez se le sale una carcajada al ver las payasadas que hacemos. Y se queda ahí, contemplándonos y amándonos eternamente, ilimitadamente. de los que se comprometen a fondo,
de los que se olvidan de sí mismos,
de los que aman con algo más que con palabras,
de los que entregan su vida de verdad
y hasta el fin.
Danos locos,
chiflados,
apasionados,
hombres capaces de dar el salto
hacia la inseguridad,
hacia la incertidumbre sorprendente
de la pobreza;
danos locos,
que acepten diluirse en la masa
sin pretensiones de erigirse un escabel,
que no utilicen su superioridad en su provecho.
Danos locos,
locos del presente,
enamorados de una forma de vida sencilla,
liberadores eficientes del proletariado,
amantes de la paz,
puros de conciencia,
resueltos a nunca traicionar,
capaces de aceptar cualquier tarea,
de acudir donde sea,
libres y obedientes,
espontáneos y tenaces,
dulces y fuertes.
Danos locos, Señor; danos locos.


